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Tal y como la introducción del internet fue un factor de cambio que replanteó toda la industria gráfica en la década de los noventa, hoy es una explosión de herramientas tecnológicas las que nos confirma que no estamos más en un mundo que se rija por tiempos marcados amediano o largo plazo, sino que hay que reaccionar rápido para mantenerse competitivo. Tan solo en este último lustro hemos sido testigos de la introducción y abundancia de blogs, teléfonos inteligentes y sus derivadas tabletas, el concepto de aplicaciones y el almacenamiento de información remota, conocida como la nube. Esta nueva forma de asimilar la tecnología ha cambiado las conductas de los consumidores y encontrado mercados mucho más atractivos.

Hace 10 años, cada programa de Adobe debía comprarse por separado, hasta que en septiembre de 2003 anunció lo que hasta hoy conocíamos como Creative Cloud o nube creativa: una serie de paquetes que contenían porgramas destinadas a diferentes mercados: uno de diseño, otro web, otro profesional o premium con prácticamente todos los programas grandes de la marca. A partir de ahí, cada dos años fue surgiendo una nueva versión hasta 2012 que se anunció la versión número seis. Y tal parece que hasta ahí llegará el conteo, ya que se cruzan una serie de circunstancias que hizo que Adobe reevaluara el proceso de programación y venta de sus productos.

El primer signo del cambio llegó cuando anunció de forma inusual una versión intermedia entre sus colecciones creativas. Desde su lanzamiento en 2003 la presentación de cada nivel se daba por bienios; pero mientras esperábamos la versión CS6 en 2012 el tiempo se vio acortado por la extraña versión 5.5 en abril de 2011. Lo más curioso es que no todos los programas de la suite habían llegado a ese nivel intermedio. Photoshop o Illustrator se actualizaron a las versiones 5.1, siendo InDesign el único que salió como 5.5.

El motivo de este movimiento se debió a que el mundo del diseño editorial cambió abruptamente tras la introducción del iPad en 2010, de ahí también que haya sido solo InDesign el programa que recibió el upgrade más grande con herramientas para la creación de publicaciones digitales. Para su desarrollo acudió a la industria editorial misma, con los editores de la revista tecnológica Wired para ser exactos, dando como resultado una serie de aplicacionesque posteriormente se transformarían en herramientas instaladas a manera de plug ins llamadas Folio.

Con todo esto, Adobe decide replantear no solo sus aplicaciones para las nuevas plataformas, sino todo su esquema de negocios, desde la forma en la cual se adquieren los programas y un ambiente de trabajo que le permita estar a tono con la velocidad y diversidad en los que actualiza sus programas. Cada actualización de Creative Suite implicaba tener al mismo tiempo mejoras en todos sus programas, lo suficientemente importantes para que el público estuviera dispuesto a realizar el upgrade de buena gana. El primer paso lo dio en el lanzamiento de CS6 al anunciar sus paquetes de acuerdo a la industria tradicional o web (Design o Web Standard) y una más Premium con la mayoría de sus programas, y adicionalmente una nueva forma de adquirirlos en un esquema de pagos mensuales. Para ésto diseñó Creative Cloud, un espacio en servidor bastante plano si lo comparamos con los servicios de nube que ofrecían una infinidad de empresas con beneficios superiores, como iCloud de Apple.

En este punto realmente el valor de adquirir la suite en su lanzamiento implicó la posibilidad de mantener actualizados todos los programas al momento en que fueran lanzados sin la necesidad de pagar más. Poco a poco este mercado se fue asentando. A principios de mayo Adobe afirma tener más de 500 mil suscriptores bajo este equema, quienes ahora, en un refresh del producto, ya podrán tener mayores beneficios, entre ellos, la posibilidad de compartir documentos mucho más eficientemente bajo la alianza que tiene con el sitio creativo de Behance, la puesta a disposición de tipografías para web a través de TypeKit, una compañia que adquirió el año pasado y el lanzamiento de Apps que complementan la presentación y visualización de archivos nativos en iPhone y iPad (ya se podía hacer anteriormente en los sistemas Android, ya que esta tecnología se basaba en Flash, no disponible en iOS). Adicionalmente, amplía las opciones de suscripción, con la posibilidad de tener cuentas empresariales, suscripción a programas individuales (aunque es muy costosa) y las originales al momento de su lanzamiento para profesionales y estudiantes y maestros.

Heidi Votmer, directora de mercadotecnia de producto en Adobe, afirma en el sitio Co.Design que no ven este esquema como una manera de contrarrestar la piratería existente, puesto que “siempre habrá alguien lo suficientemente vivo para darle la vuelta al sistema”, pero bien es cierto que muchos que en su momento no podrían desembolsar más de 20 mil pesos para adquirir un paquete completo, hoy mediante una renta mensual —comparable a la de un teléfono celular por plan— pueden contar con todos los programas de forma legal y actualizados.

Con esto Adobe también encuentra una nueva forma de calendarizar sus actualizaciones. Siguiendo los pasos de Apple, que decidió desligarse de Macworld para poder marcar sus propios tiempos para el lanzamiento de productos, ahora no requerirá tener actualizados sus más de diez programas base para anunciar una nueva versión de Creative Suite, podrá hacerlo sin la presión mercadológica que implica convencer a sus clientes para actualizarse. Este nuevo modelo es signo de la presión que tienen empresas tecnológicas para tener contentos a sus clientes, ofreciendo productos con mejoras mucho más modestas de lo que nos tienen acostumbrados.

Por ejemplo, ¿qué podría ofrecer Illustrator a sus clientes, siendo un programa con más de 20 años en el mercado y que prácticamente ha llegado al tope? Si lo comparamos con el iPad de Apple, realmente no esperaríamos cambios al mismo nivel que en un principio. Los clientes esperaríamos una versión más ligera, rápida, con mayor capacidad quizá, pero nada de eso es lo suficientemente llamativo como para hacer una gran fiesta de lanzamiento. La tendencia de enfocar esfuerzos hacia la nube corresponde quizá a la necesidad de llevar la novedad tecnológica hacia plataformas con más capacidad de desarrollo, pensar que en un futuro próximo podamos trabajar sin un disco duro y a expensas del internet parece lejano, especialmente en tanto los servicios de internet no estén estado a la altura que estas tecnologías exigen, pero finalmente vamos hacia allá.