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Cada quien habla de cómo le fue en la feria, obvio. En esta ocasión no se trata de hablar de cómo se va a divertir uno en ella, sino de cómo es la feria. Yo soy de esos que cree que un freelance como un despacho son igual de útiles y cada quien tiene su espacio y campo de acción. Así como hay quienes nacen para desfilar o para ver el desfile, hay quienes tienen más alma de freelance o de tener un despacho.

Los mal entendidos y a veces sobrevalorados Freelancers

Ser freelance es convertir tu cerebro, ojos y manos en un despacho propio y tu computadora y celular en una oficina. Un diseñador freelance se ve a sí mismo como un empresario en pequeño, un profesionista aguerrido, capaz de echarse al hombro proyectos enteros y aún así tener tiempo para tuitear. Los clientes, lo ven como un caballo de batalla, con una laptop enfundada en su mochila y audífonos de iPod mientras se conectan en cualquier lugar para enviar y recibir archivos.

Sin embargo, existen también otra clase de freelancers, quienes buscan oportunidades que van saliendo en el camino mientras encuentran un trabajo que valga la pena para contratarse. Ellos normalmente cobran tarifas muy bajas y suelen saturarse con facilidad.

El trabajo de profesionista independiente debe verse bajo dos tipos de óptica, la primera para quienes buscan proyectos de diseño, pero tienen obstáculos en el camino que les impiden contratarse o ir más allá en busca de formalizar una empresa. Son normalmente quienes requieren balancear sus tiempos con otras actividades extratrabajo. Llámense hijos, fobia a las oficinas, amor a la casa, quienes no les gusta delegar responsabilidades o que simplemente han hallado en ese formato una forma agradable para trabajar. Los otros, son un paso transitorio que los llevará a crecer con el tiempo e inciar un despacho, agencia o estudio de diseño.

El paso dos: detecar cuándo haces switch de freelance a despacho

Creo que para iniciar un despacho, ser freelance resulta una excelente prueba para medirse en el mundo empresarial, sin un riesgo e inversión tan grandes. Es dar un paso más firme. Si se tiene éxito, los clientes comenzarán a reproducirse y la ayuda se tornará imprescindible. Ese es el paso peligroso de hacer el switch. Dependiendo del giro que cada quien haya desarrollado, puede ser un mensajero, un diseñador auxiliar, una secretaria o asistente. Si nuestro despacho se ha reducido a un escritorio junto a la cama, en algún momento deberemos pensar en una oficina. Existen opciones como oficinas virtuales que se rentan para realizar juntas o presentar proyectos a los clientes, pero suelen ser demasiado caras si se usan con frecuencia y muy incómodas si el trabajo comienza a fluir con mayor rapidez.

Lo más recomendable es, si se comienza como freelance, tener una visión empresarial y tener en cuenta que en algún momento se deberá dar este paso. Finalmente resolverá muchos problemas, pero en su momento implicará un desembolso económico importante. Entonces, ¿por qué no empezar a preveerlo desde un principio? La mayoría de las empresas recurren a préstamos bancarios para crecer, pero siempre es mejor mantener las finanzas sanas y estar preparados para cuando se presente la oportunidad, que no implique vender el auto o empeñar las joyas de la abuela. Tener un despacho requiere una visión empresarial y eso se muestra desde que se dan los primeros pasos.

Comenzando el despacho, solo o acompañado

Es muy común que en alguna comida o reunión a altas horas de la noche surja la idea de comenzar un despacho. Sucede que la plática crea una empatía y en el mismo proceso de un flechazo de cupido, se enamoran empresarialmente. Y tanto puede resultar como convertirse en un fracaso. Mi primer intento de poner un despacho presentaba un problema: éramos cuatro jefes dando órdenes y no había nadie que barriera, que fuera a comprar material o que se formara en la fila de banco. Finalmente, cuando formé un despacho exitoso, fue porque me asocié con alguien que era publicista y tenía el don de relacionarse con la gente. Él cubría mis puntos débiles por lo que logramos un buen trabajo en equipo: él vendía, iba a comer con clientes y hacía llamadas; yo hacía lo que me gustaba, me sentaba tras la computadora y diseñaba.

Pensemos en tres factores para iniciar un despacho: el knowhow u operación, el capital y los clientes. Uno puede pensar en asociarse cuando requiere un complemento en alguno de estos factores. No pienses solo en asociarte con otro diseñador, puedes unir fuerzas con mercadólogos, arquitectos, diseñadores industriales, de interiores o de modas, publicistas o relaciones públicas. Las opciones son muchas y te abrirán el campo.

Otra opción es cuando dos iguales se juntan para potenciar su trabajo, reducir costos y avanzar juntos. Pensemos en dos diseñadores que unen fuerzas para conseguir un proyecto demasiado grande para uno solo o cuando tienen la necesidad de compartir un espacio, reduciendo costos. Cuando se complementan, quizá un desarrollador web experto en programación con otro enfocado más a los sistemas de información. Para estos casos, lo recomendable es buscar un complemento equivalente, es decir, cuyas fuerzas representen un 50-50 de la relación. Piensa que si tú vas a hacer el 70% del trabajo y requieres a alguien que te complemente es mejor contratarlo a hacerlo tu socio. La desigualdad de porcentajes trae fácilmente incriminicaciones y excusas que no son otras cosas sino problemas en potencia.

No busques un socio porque necesites apoyo moral o para salir del paso en alguna circunstancia precaria. En ese caso es mejor negociar un precio, una renta o algún servicio antes que vender tu alma por un local. La palabra se llama “largo plazo”.