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Cuando uno estudia diseño, crear un despacho propio se ve fácilmente como una realidad inmediata. Un solo trabajo a la vista te puede dar la perspectiva de iniciar tu vida profesional de forma fácil y rápida. “Basta tener una computadora, una impresora y ya estamos”. La pregunta aquí es la siguiente: ¿En verdad comenzar un despacho de diseño es tan sencillo?

Este post será más bien una serie de artículos sobre este tema, y más que tips o consejos, son reflexiones para quien desea emprender una vida independiente trabajando en diseño.

La primera pregunta: ¿Estoy listo?

Antes que nada, debes fijarte en varios factores:

Es muy común querer iniciar tu despacho con el vuelo que te deja la universidad, sin embargo, muchas firmas exitosas son aquellas cuyos socios primero trabajaron para alguna empresa. Eso les ayudó a conocer cómo funcionan las compañías, cómo se adiministran los recursos tanto humanos como materiales, la forma de ganar el dinero, el trato con proveedores y la experiencia que te deja el día a día.

Otro camino es comenzar como freelance o profesionista independiente. Tiene una serie de limitaciones que veremos más adelante, pero las bondades radican en la inversión inicial así como en la experiencia que te dará administrate en pequeño, junto con la posibilidad de ir creciendo poco a poco.

Un error muy común es querer comenzar porque estás harto de tener un jefe. En un despacho no tendrás jefes molestos que te estén diciendo qué hacer, pero a cambio ganas clientes, un nivel de exigencia mayor. Y no será solo uno, sino varios. Es muy fácil dejarse llevar por el espejismo de la libertad e independencia. Tener un despacho no es para todos. Comenzarlo por las razones equivocadas pueden hacer que pierdas tiempo, dinero y prestigio.

Sin embargo, la perspectiva de una nueva empresa debe ser valorada con estas tres preguntas:
¿Tienes conocimientos de cómo llevar una empresa?
¿Cuentas con un cliente?
¿Tienes los recursos suficientes para empezar?

1. ¿Sabes de negocios?

Las preguntas vienen en orden de importancia. Lo primero que debes preguntarte es si estás capacitado para iniciar un negocio. La mayoría de los despachos crecen y se van perfeccionando sobre la marcha, pero son más los que deben bajar la cortina por una administración deficiente más que por un mal diseño.

El cliché de que los diseñadores no saben matemáticas aplica perfectamente aquí (revista el post Principios del Designomics aquí). Lo mejor es adquirir habilidades administrativas a través de maestrías o diplomados, pero hasta un buen libro puede ser suficiente para entender el funcionamiento de una empresa y buscar la mejor forma de aplicarlo a ti. Te recomiendo un libro que a mí me ha funcionado muy bien: How Firms Succeed, A Field to Design Management (James P. Cramer y Scott Simpson, Ed. Ostberg, E.U.A., 2004).

También métete en el mundo del Excel, aprende a hacer cálculos, tablas y haz números (este es otro tema importante que tocaremos).

2. ¿Cuentas con un cliente?

Parece una pregunta tonta, pero no puedes pretender iniciar un despacho si no tienes a quién trabajarle. No me refiero al taller de tu tío que ya te dijo que quiere un logo, sino un cliente que te cree flujo constante de trabajo. Muchos tratan de primero de poner un despacho y después, desde su escritorio hacer llamadas, hacer a citas y empezar a ganar dinero. Si abres una tienda de abarrotes, puedes esperar comenzar a vender desde el primer día —aunque tus ganancias vengan mucho después—. En el mundo del diseño, el dinero comienza a fluir con más lentiud, a veces puede tardar meses. Por lo mismo, cuando tengas una perspectiva real de comenzar a generar un flujo constante, es cuando puedes pensar en establecerte más en forma, independientemente del capital que debes inyectar a manera de inversión.

3. ¿Tienes los recursos suficientes para empezar?

Muchos despachos comienzan en la “comodidad” de casa y ello no permite muchas veces visualizar todos los recursos que conlleva. Lo primero que nos viene a la mente es la luz y el teléfono, rara vez pensamos en el pago del predial, mantenimiento, tóner para la impresora, reguladores de luz y hasta escoba y recogedor que utilizaríamos en la oficina.

Se vale comenzar con lo que uno tiene, pero iniciar un negocio serio con miras a convertirlo en una fuente de ingreso requiere mínimo la seriedad de un espacio exclusivo, porque el día menos pensado deberás citar a tu cliente en algún lugar para hacerle una presentación y llegará el momento en que el Starbucks no será suficiente para crear una buena impresión.

Las oficinas virtuales son una buena opción, pero cuando comiences a usarlas te darás cuenta que es un gasto fuerte que bien podrías mejor invertirlo en un lugar propio fuera de casa.

Arrancar es una fase muy divertida, pero debes saber poner los pies sobre la tierra. La próxima semana hablaremos sobre las diferentes opciones que tienes para comenzar: como freelance, solo o acompañado de algún socio.