Hablando en el plano estrictamente laboral, los diseñadores cargamos las mismas cruces que otros profesionistas. No nada más en México —estoy seguro de ello—, pero que de alguna forma se agudizan en nuestro país por las circunstancias políticas y legales que nos circundan.

Aquí una lista de 8 cosas con las que debemos lidiar para hacer nuestro día a día y que nos ayudarán entender cómo mejorar en nuestro trabajo.

1. El sistema laboral que no ayuda

Especialmente para los asalariados, existen muchas formas en las cuales te contratan. La que debiera ser más común es vía nómina, en la cual puedes tener acceso al Seguro Social, INFONAVIT y fondo de ahorro. Lo malo es que todo te cuesta tanto a ti como al empleador, cada quien debe pagar el correspondiente a estos rubros más los impuestos que apliquen. Tan caro es, que muchas empresas recurren al sistema de outsourcing, pago vía honorarios o por asmilados a salarios, que no fueron diseñados con esa finalidad.

Es muy común encontrar trabajadores con antecentedentes en empresas donde ni siquiera son claros sobre cómo les pagan o que los dan de alta con sueldos mínimos y lo compensan con otros rubros como bonos o “pagos por fuera”.

Es muy fácil aceptar porque te argumentan que de esa manera no pagarás tantos impuestos, pero te afectan en el sentido que tu fondo para el retiro y las aportaciones al INFONAVIT son muy reducidos. Si tienes 23 años quizá no te importe, pero cuando quieras usar este fondo para comprar tu casa o departamento, te arrepentirás.

2. Se acabaron los duelos a muerte

En México la informalidad no se da únicamente en el comercio ambulante, también en los grandes negocios. Estamos acostumbrados a aceptar proyectos con un apretón de manos. Lamentablemente no vivimos en la época colonial donde si no se honraba la palabra empeñada podías recurrir a un duelo a muerte.

Cada vez que toco este tema con algún cliente la situación se pone tensa, como si lo estuviéramos amenzando. es comprensible en una sociedad donde el sistema jurídico no se toma con la misma seriedad que en otros lados.

Cuando hacemos tratos internacionales los contratos son tan comunes como imprescindibles. Nadie da paso sin huarache. Si no lo hacemos, sentimos un estado de indefensión y abuso, pero en México es visto como un acto de desconfianza.

He hecho trabajos bajo contrato, pero la mejor forma de lograr un estado de certidumbre y responsabilidad mutua es haciendo que el cliente firme el presupuesto original, el cual tiene incluída de forma resumida las cláusulas más importantes que tendría un contrato.

3. Al director general no le gusta el naranja

La misma informalidad no se ve únicamente en lo legal, muchas veces el cliente no tiene una idea clara de lo que está pidiendo. Hay veces que convencemos a nuestro cliente, pero perdemos de vista que él se lo presentará a su jefe y así sucesivamente, hasta llegar al director general que cuando lo ve, resulta que hay que empezar de nuevo porque no le gusta el color naranja.

Nosotros aquí tenemos una gran culpa porque no explicamos claramente los procesos de trabajo ni justificamos adecuadamente lo que estamos entregando.

No es nada parecido hacer un libro que un sitio web, o un logotipo a la identidad de una marca. Cuando hacemos presupuestos, rara vez especificamos cuáles son los procesos a seguir para tal o cual proyecto.

Hay que aprender a ser claros, no solamente en el producto final, sino en la metodología: cuántas pruebas y sesiones de corrección así como los costos laterales por tener que ir a más juntas, cambios no planeados o aplicaciones no contempladas originalmente.

Muchas veces queremos evitar ponerle al cliente que eso tiene un costo extra, por no asustarlo o hacerle ver lo complejo que puede resultar el proyecto y que se confunda, pero es mejor dejarlo claro desde el principio, especialmente en un sistema donde se cambian continuamente los parámetros, colores, tipografías, formatos y perfiles.

4. Nadie usa protección

Es muy raro encontrarse a un diseñador en el IMPI —El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial—. Hacemos un logo, lo entregamos, nos pagan y terminamos. No existe un celo por vigilar que nuestro trabajo sea honrado bajo las cláusulas más básicas de la propiedad industrial. Si hacemos un empaque de galletas de vainilla entregamos los archivos originales y después vemos que el cliente contrató a alguien más para que haga la versión de sabor chocolate y de fresa. Este es un tema muy profundo y difícil, tanto, que hasta encontrar a un experto en el tema se vuelve un trabajo en sí (si conocen a alguien, avísenme).

5. Nadie nos entiende, ni siquiera nosotros

Alguien me dijo una vez: “no se preocupen, sus papás nunca van a entender cómo se ganan la vida diseñando”. Ahora ya hay generaciones de quienes sus padres ya estudiaron diseño, pero no es tan común, por lo mismo no existe todavía una base legal clara o parámetros lo suficientemente efectivos para dar certidumbre.

A diferencia de un médico, donde quien va a consulta sabe que deberá pagarla, los diseñadores tenemos esa manía de criticar el trabajo de los demás, en vez de educar a terceros. Siempre tendremos una opinión sobre el trabajo del otro y por qué lo debimos haber hecho nosotros. Resulta una conducta canibalizante, donde al degradar al otro nos llevamos al diseño de paso.

6. Siempre habrá alguien que hará lo mismo por menos

Aquí el reto para las escuelas: un estudiante saldrá de la carrera y seguramente le ganará el trabajo a otro diseñador que le dobla en experiencia y honorarios, pero saldrá perdiendo al ver la cantidad de trabajo que tuvo que hacer y cómo fue mangoneado por el cliente. Quizá su siguiente proyecto el costo sea más justo, pero el daño estará hecho. Ese cliente rara vez volverá a contratar a un diseñador por el doble de lo que obtuvo.

7. Trabajamos con orejas de burro

¿Quién cree que comprando Wallpaper, el libro “Los mejores logos del año” y yendo la presentación de Adobe sobre la CS5 está actualizado? Resulta muy difícil encontrar diseñadores que tengan en sus planes cursos, diplomados y maestrías serias.

Si vemos, el director de alguna empresa no dedicada al diseño podrá ser administrador, mercadólogo, abogado, médico, contador o ingeniero pero nunca diseñador. Seguramente un ingeniero en sistemas podrá estar al frente de una dirección porque tiene un MBA o alguna maestría en alta dirección, pero los diseñadores nos preocupamos más por saber de tipografía y arte que buscar entender cómo funcionan las empresas para las cuales trabajamos. Si trabajamos en una, no nos gustan las juntas de estrategia y rehuimos a las reponsabilidades donde haya una archivo de Excel en medio. Hay que integrarnos más al sistema laboral y no quedarnos encerrados entre la Helvetica y Garamond.

8. Todos contra todos

Se puede ver muy lejano, pero buscar una certificación en diseño es un paso necesario. Algunas universidades comienzan a ver este tema como medular. ¿En realidad se puede encontrar un sistema para certificarnos? ¿Se podrá hacer que las empresas busquen diseñadores calificados? ¿Tú estarías dispuesto? Creo ese es tema de otro costal.