Hace como diez años, Jorge, amigo y mercadólogo me dijo: en un futuro, tú vas a ir al súper y si siempre compras Coca-Cola, cuando estés pagando te va adecir la cajera: si compra 3 cocas más le regalamos una mochila, o te hacemos un descuendo en una tele. Una oferta solo para ti, no para el de la caja de junto o para quien está detrás tuyo.

El futuro parecía muy lejano, hasta que la semana pasada recibí una publicidad de mi banco, donde me regalaban cuatro cupones ofreciéndome rebajas en las tiendas donde habitualmente uso esa tarjeta. Si miro el cupón con atención, los espacios están impresos en láser sobre fondo blanco. Adicionalmente, me invitan a usar la tarjeta en los mismos lugares para que los beneficios sean mayores. El futuro ha llegado.

Mientras el futuro ha llegado y la forma de vender se acerca cada vez a un sistema personalizado —una promoción exclusivamente para ti, nadie más— todos los medios se mueven hacia un formato cada vez menos masivo. Las cadenas de TV, aunque no lo quieran, deben pensar en formatos donde la gente pueda ver sus programas cuando y como lo deseen: por internet, en el disco duro de su tele, en un iPad, en su computadora o su celular. ¿Habrá menos comerciales? Al principio sí, pero después comenzaremos a recibir avisos a un tercio de pantalla (como lo hace You Tube actualmente) con anuncios de acuerdo a nuestro perfil de compras.

Lo lamentable —o afortunado, como lo quieran ver– de ésto, es que finalmente no se acercan a nosotros como personas, sino como compradores. Nunca nos visualizarán como personas, pensando en nuestro timbre de voz o nuestro color favorito, sino como entes calificadas para recibir sus promociones.

Personalmente no creo que sea bueno o malo, solamente diferente, una nueva forma de vida. Y como diseñador, no está de más empezar a pensar que estos formatos nos van a mover el piso, cambiando también la forma en la cual trabajamos todos los días. ¿Diseñaremos plantillas más que en objetos finales? ¿Seremos más especializados o generales? ¿Tú qué opinas?