FontBook App: La all-in-one app

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Siempre me han gustado los catálogos tipográficos. Hace tres años compré el último: FontBook, un compendio de todas las tipografías que están a la venta en FontShop, la tienda más grande de fuentes en internet, una enciclopedia de más de 1,000 páginas y 3 kg de peso. En el interior de sus páginas se enlistan las fuentes con toda la información respectiva: autor, año, tipo de programación (OpenType o TrueType) y catalogación.

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Este libro no es lo único que ha hecho FontShop por el bien de los diseñadores, trabajo lidereado por Erik Spierkemann, diseñador tipográfico creador de fuentes como Meta u Officina, además fundador de FontFont y FontShop. Su sitio web tiene muchos servicios —todos novedades tecnológicas en su momento—, como un buscador de tipografías que nos permite encontrar la que buscamos a través de ir definiendo los rasgos de lo general a lo particular; FontCase: un programa que visualiza todas las fuentes en un disco duro, estén cargadas o no es el sistema, además de poder gestionarlas, clasificarlas y obtener los datos sobre ellas, como el autor o año de diseño, incluso se pueden ver palabras que uno escribe en todas las fuentes; ha sido pieza angular en el desarrollo de las fuentes web, lo cual nos permite ya comenzar a usar tipos más allá de Georgia, Verdana, Arial o Times—por decir algunos ejemplos de las llamadas fuentes web— y ha publicado artículos muy valiosos que ayudan en la docencia cuando se habla de tipografía.

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La mayor novedad vino con la publicación de la más reciente reedición de FontBook: un acompañante en la era digital: FontBook App. Actualmente existen muchas aplicaciones para iPad con temas tipográficos —muchas de ellas muy buenas—, pero ésta tiene como primer punto a favor contener el catálogo completo. La forma de encontrarlas es muy variada e intuitiva, desde alfabéticamente, pasando por su clasificación hasta opciones no vistas anteriormente, como año de creación, autor o casa fundidora (el equivalente a una casa disquera, pero de fuentes).

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Buscar las fuentes por año permite además, esta parte educativa para poder comprender el desarrollo de las tipografías con el paso del tiempo y en respuesta a los tiempos históricos, incluyendo la fuerte influencia del arte en cada periodo.

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También es posible crear una selección de nuestras fuentes favoritas para poder compararlas entre sí.

 

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Definitivamente esta App es obligatoria para todos aquellos amantes de la tipografía y más aún, una excusa perfecta para quienes dudaban de la utilidad de un iPad.

Resumen:

Puntos a favor:
• Muy fácil de navegar
• Contiene el catálogo completo de FontShop
• El costo es muy económico contra el costo del catálogo impreso $72MXN vs $100 USD + gastos de envío.

Puntos en contra:
• Se requiere conexión a internet para visualizar el sitio completamente, aunque existe un modo para navergar offline secciones esenciales de la app.

Catálogo de letras: mis primeros trabajos de diseño

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Hoy les voy a presumir un poco de mis primeros trabajos. Es de 1984, o sea, a los 13 años. Tomaba cuadernos de apuntes de la escuela y desde atrás, comenzaba a dibujar letras que copiaba de un catálogo de letras transferibles de Mecanorma que mi papá tenía en la casa. Al año siguiente, ya compré un cuaderno para empezar uno más en forma. En total hice 4, uno por año hasta 1987. Las imágenes son de los primeros dos.

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Comenzaba copiando sin sentido alguno las letras, incluso las hojas técnicas. Después veía una fuente que me gustaba, como la de Pacman y entonces completaba el alfabeto. Sí, era súper ñoño.

 

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Seattle Public Library: Tipografía integrada a la arquitectura

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La primera impresión que te da el lugar construido en 2004 es un enorme edificio un tanto deforme; demasiados vidrios que podrían evocar una construcción de los ochenta, pero cuya forma no puede asignarse sino a épocas posmodernas. Puede parecer frío, pero una vez que atraviesas sus puertas el ambiente se torna lleno de vida: grandes espacios, techos altísimos y un diseño en forma de caracol muy parecido al museo Guggenheim en Nueva York.

Las escaleras eléctricas color verde fluorescente llaman la atención porque, además de su luminosidad, van mostrando palabras que aluden a la lectura en tipografía Futura Bold. Con ésto comienza un diálogo poco común pero definitivamente familiar entre el asistente y el edificio. La tipografía tiene la ventaja de entablar un lenguaje muy claro. Cualquier arquitecto busca que los espacios jueguen ese papel de cercanía con el visitante, que la paredes hablen, que los pisos y techos logren transmitir emociones, como si se tratara de una obra de arte, pero la tipografía es contundente, sin tanta retórica y directo al punto.

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Rem Koolhaas, arquitecto de la Biblioteca, logra que las letras salten de los libros, de los estantes, de los letreros mismos y se integren en el espacio de forma viva, para que transiten con nosotros, se dejen pisar y nos guíen a traves de un enorme pasillo sin fin, que nos llevará hasta el último piso.

No es tipografía por la tipografía misma, cada espacio tiene una finalidad diferente, en algunos casos es estética como en la planta baja, donde el piso de madera tiene talladas diferentes palabras en cualquier lenguaje o forma de escritura. En los pisos superiores, los marcadores de pasillos salen de los estantes, donde están comunmente, y forman parte del piso, como si se tratara de indicaciones de tránsito. Los letreros usuales en lugares públicos, como aquellos que restringen el paso o indican locaciones exclusivas para empleados, también pasan de ser señalizaciones con un nivel jerárquico menor a protagonistas que alteran la esencia del lugar.

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Sin duda alguna, The Seattle Public Library es un ejemplo muy claro del uso tipográfico integrado a la arquitectura. Un lugar obligado para cualquier amante de la tipografía. Qué mejor manera de acercarse a la lectura sino a través de las letras.

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